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Repensando las nociones de trabajo desde una perspectiva feminista

Publicado en Empleo y Trabajo en abril 4th, 2013 by

En esta sesión se analizó cómo las feministas procuramos repensar la idea del trabajo. Se subrayó la naturaleza artificial de la distinción entre trabajo remunerado y no remunerado, y se discutió cómo el auge de las cadenas globales de cuidado hizo visibles algunas de las dimensiones ocultas del trabajo de las mujeres. A continuación presentamos un resumen preparado por el personal de AWID sobre los temas planteados en la sesión de la caja de herramientas para una economía feminista “Repensando las nociones de trabajo desde una perspectiva feminista” en el Foro AWID 2012.

Presentadora: Naila Kabeer (School of Oriental and African Studies, London University)

¿Cómo ha sido definido el trabajo y cómo han cambiado esas definiciones con el tiempo?

En 1956 (en el sistema de Cuentas Nacionales de la ONU) se definió el trabajo como empleo remunerativo por una paga o una ganancia – en otras palabras, trabajar por un jornal o un salario, y en caso del empleo autónomo, vender un bien o un servicio por dinero. Si por ejemplo una mujer trabaja en la granja familiar, lo que hace sólo se definirá como trabajo si el producto se vende para obtener ganancia. Esto excluye la producción de subsistencia como por ejemplo la recolección de elementos imprescindibles como el agua, la leña y el combustible; el trabajo doméstico y el cuidado de la familia. La consecuencia fue que se impuso un sistema de valores por el que los precios del mercado determinaron el valor que aportaba el trabajo a la nación. Si la analizamos más a fondo, vemos que esta definición es arbitraria y no refleja las vidas cotidianas de las personas. El marco de referencia mismo mostraba contradicciones: por ejemplo, si un hombre se casaba con su ama de llaves, el PIB del país bajaba, porque ella dejaba de trabajar por una paga pero continuaba haciendo el mismo trabajo. Además, los países del Tercer Mundo se quejaron porque el sistema hacía aparecer a sus países como improductivos.

En 1966 la definición de trabajo se amplió para incluir la producción de bienes y servicios económicos que podrían haberse vendido, aun si no lo fueron p.ej. el cuidado de los animales o el procesamiento de alimentos. En estos casos, la tarea se contaba como trabajo si existía un mercado para esos bienes y servicios. Esta nueva definición tuvo un impacto enorme porque capturó una gama más amplia de actividades productivas.

La definición de trabajo volvió a expandirse en 1993 para incluir todas las actividades que satisfacen las necesidades básicas de una familia en cuanto a bienes y servicios que podrían haber sido producidos en una economía monetizada, como la recolección de combustible y agua. Pero esta definición continuó excluyendo a los servicios de cuidado no remunerados ya que se afirmó que tenían “repercusiones limitadas” sobre la economía. La ONU además explicó que incluir el trabajo de cuidado no remunerado en la definición invalidaría el sistema entero, ya que estos servicios no cambian y no tienen impacto sobre la situación económica. Sin embargo, recomendó utilizar una contabilidad satélite para capturar el empleo del tiempo (en el trabajo de cuidado no remunerado).

Desde una perspectiva de derechos de las mujeres, esta definición no le atribuyó valor a un amplio conjunto de tareas que en su mayoría recaen sobre las mujeres. Existe una definición más incluyente propuesta en 1934 por Margaret Reid según la cual, en principio, cualquier actividad que podría ser realizada por otra persona que no es la que se beneficia de dicha actividad, se debería considerar productiva (trabajo) desde una perspectiva económica (es decir, cocinar sería trabajo pero comer no).

Lo cierto es que el trabajo no remunerado, y en particular el trabajo de cuidado, es un factor que tiene un enorme peso en la estructuración de la economía remunerada. El trabajo no remunerado reproduce todos los días la fuerza de trabajo y subsidia esa reproducción para la acumulación de capital. En los estados que no se ocupan de prestar servicios sociales o que los recortan, el trabajo de cuidado no remunerado cubre ese déficit. El trabajo de cuidado no remunerado es el ingrediente invisible que permitirá alcanzar los ODM. Existe una estratificación resiliente en la economía remunerada en la que se observa una clara concentración de mujeres en el trabajo a medio tiempo, autónomo y ocasional. El trabajo no remunerado determina la cantidad de tiempo de que las mujeres podrán disponer para el trabajo remunerado y la clase de trabajo que podrán realizar. Esta perspectiva debe ser tenida en cuenta en las políticas y procedimientos a nivel internacional, nacional y local, garantizando así que las nociones de trabajo incluyan enfoques de derechos humanos y de las mujeres que a su vez permitan que el desarrollo tenga lugar de formas equitativas.

Una sugerencia para reconocer y valorar el trabajo no remunerado es comenzar a elaborar un sistema mediante el cual se lo compense. Hay quienes dicen que fijar las tasas y el marco de referencia correspondientes sería un ejercicio demasiado complicado y por ende un desperdicio de recursos. También se ha sugerido que el cuidado tiene su propio ritmo y su propia lógica, que no se lo realiza en respuesta a los precios del mercado y que evaluarlo utilizando los mismos parámetros de medición lo reduciría al mínimo común denominador. Pero también es importante saber quiénes están aportando a la sociedad, y es necesario reconocer que el trabajo de cuidado no remunerado forma parte del total de la economía. Existe una influencia recíproca entre la forma en que operan las políticas macroeconómicas y el trabajo no remunerado de cuidado. En un mundo donde las mediciones son importantes, si no lo contamos nosotras, nadie lo cuenta.

Existen una variedad de factores y argumentos a favor y en contra de compensar el trabajo no remunerado.

¿Necesitamos monetizar el trabajo no remunerado?

Argumentos a favor de monetizar el trabajo no remuneradoArgumentos en contra de monetizar el trabajo no remunerado
Es trabajo verdadero; utiliza tiempo, capital, movilidad y competencias, etc. como cualquier otro trabajo.Plantea la pregunta compleja de cómo asignarle un valor al amor y al cuidado.
Es indispensable para la sociedad.También resulta difícil decidir cómo determinar las escalas remunerativas (¿según la experiencia, la cantidad de hijas/os, el estado civil, los niveles de ternura?). Por ejemplo: si la base fuera la cantidad de hijas/os, eso podría llevar a un incremento de las tasas de natalidad.
Quienes realizar el trabajo de cuidado no pueden abandonarlo de manera prolongada sin que eso tenga impacto sobre el hogar.
Refuerza los estereotipos acerca del vínculo instintivo entre las mujeres y las/os niñas/os.
Podría combatir los estereotipos acerca de que las mujeres no trabajan.
En un hogar sin hijas/os, aun hay que realizar el trabajo de cocinar y limpiar.
Cuestiona el mito según el cual el trabajo de cuidado es algo natural para las mujeres, es decir, que las mujeres son por naturaleza “maternales”/”hogareñas”.Legitima la dicotomía público-privado para las mujeres.
Cambia el equilibrio de poder en el hogar, reduce la carga de 24 horas de cuidado que pesa sobre las mujeres y podría reducir los niveles de poligamia.
Refuerza el hecho de que las mujeres son más valiosas una vez que tienen hijas/os.
Esta estrategia podría ayudar a mejorar el equilibrio de trabajo en el hogar entre hombres y mujeres.Sería un desafío evaluar quién debería pagarlo. Si fueran los hombres, eso reforzaría la idea del sometimiento de las mujeres en la sociedad, por ejemplo en las culturas que pagan dote por las mujeres. También podría dar la impresión de que las mujeres son propiedad de los hombres. Si el estado pagara el trabajo de cuidado, subirían los impuestos y los servicios sociales podrían tornarse menos eficientes.
Las mujeres se beneficiarían de un ingreso y de la opción de trabajar dentro o fuera del hogar.

Hay hombres que también ayudan con las/os niñas/os y el trabajo doméstico, y no existe una forma obvia de dar cuenta de esto.
Complementaría los ingresos del hogar.
Incrementaría la autonomía de las mujeres y su poder de decisión en el hogar.
Se ejercería menos presión sobre las niñas para que realicen el trabajo de cuidado.
Si le asignáramos valor monetario al trabajo de las mujeres en el hogar, esto contribuiría al crecimiento económico.

El trabajo remunerado, ¿explota o empodera a las mujeres?

Argumentos a favor de que el trabajo remunerado explota a las mujeres Argumentos a favor de que el trabajo remunerado empodera a las mujeres
En su mayoría, las trabajadoras a medio tiempo son mujeres con baja remuneración y poca seguridad laboral o financiera.

En una economía de mercado, buena parte de la desigualdad se basa en la subordinación económica.
Hasta para las que trabajan medio tiempo, reconciliar el trabajo y la vida familiar se hace difícil si deben presentarse a trabajar muy temprano o muy tarde en el día.
Cuando una mujer tiene dinero, también ejerce una cierta influencia y cuenta con una salida en caso de que el ambiente de su hogar sea de maltrato o no la haga feliz.
Las mujeres continúan ocupando la escala inferior de la jerarquía. En el lugar de trabajo se refuerzan los estereotipos.
En la mayoría de los casos, el trabajo no remunerado de las mujeres no es una elección sino un producto de las circunstancias.
Las mujeres están expuestas a formas de violencia como el acoso sexual en el lugar de trabajo.
El trabajo les brinda la oportunidad de organizarse por los derechos de las trabajadoras.
Muchas veces las mujeres se ganan la vida en ocupaciones que perjudican su salud y el medio ambiente (p.ej. fábricas)En el hogar, la mujer está aislada pero en la esfera pública interactúa con otras/os trabajadoras/es.
Con frecuencia se sigue esperando de las mujeres que realicen el trabajo de cuidado no remunerado en el hogar, de modo tal que trabajan de más y están desbordadas de obligaciones.

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