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Derechos laborales de las mujeres, igualdad de género y justicia económica en América Latina y el Caribe

por Sandra Ramos.

Economía feminista y derechos laborales.

No podemos referirnos a los derechos laborales de las mujeres, la igualdad de género o la justicia económica sin analizar el rol que ha desempeñado la economía feminista exponiendo y criticando la naturaleza androcéntrica del sistema económico vigente. El análisis económico feminista tiene en cuenta al ‘género’ — entre otras categorías identitarias — como algo fundamental para entender el sistema económico, sus dinámicas y cómo opera el poder en él.

La economía feminista entiende la economía en términos mucho más amplios que la teoría económica ortodoxa, tomándola como un todo que incluye tanto el trabajo remunerado como el no remunerado (que históricamente ha sido ‘invisible’ y realizado sobre todo por mujeres) y las interconexiones entre ambos. En contraste con las definiciones clásicas o neoliberales de la economía, la economía feminista considera que la meta de la economía y de la actividad económica es mantener la vida humana y el ambiente, garantizando el bienestar de todas las personas.

Al cuestionar la definición estrecha de la economía, la mirada feminista sobre el tema también sacó a la luz la definición estrecha de trabajo que suelen plantear las/os economistas ortodoxas/os. La economía feminista redefine el trabajo y lo que ‘cuenta’ como trabajo para incluir todas las actividades humanas que tienen por objeto producir bienes y servicios que satisfagan las necesidades humanas, todas las actividades esenciales para sostener la vida y todas las actividades necesarias para el sustento y el bienestar de las sociedades y de sus integrantes.

Algo fundamental para este desafío es comprender la división sexual del trabajo en la economía. Ver la Figura 1.

Figura 1 El árbol de la discriminación contra la mujer

División sexual del trabajo
Como se muestra en la Figura 1, las principales causas de discriminación y desigualdad de género y la forma como se traducen en pobreza y desempleo. El sistema capitalista y patriarcal se aprovechó de la pobreza y del desempleo para promover la flexibilización laboral y erosionar continuamente las condiciones de trabajo. Esta es una de las principales razones por las que hoy en día la mayor parte de las mujeres en Centroamérica y en América Latina trabaja en circunstancias muy precarias. El gráfico también ilustra cómo el modelo dominante (que ha impregnado lo político, lo social y lo económico) perpetúa la discriminación contra las mujeres a través de factores como la exclusión, la segregación laboral, la doble jornada, la poca capacitación técnica, la irresponsabilidad paterna y la violencia.

Los bajos estándares de empleo generan desigualdad y amenazan el desarrollo sostenible y la igualdad de género

Como podemos ver en la figura, la división sexual del trabajo acentúa los desafíos a los que se enfrentan las mujeres en el mercado laboral y en la sociedad toda.

En su sentido más convencional, la división sexual del trabajo (o la división del trabajo por género) se refería a los distintos tipos de trabajo que asumían los hombres (productivo) y las mujeres en el hogar (como seres productivos). Una mirada feminista de la economía postula que la división sexual del trabajo debería en cambio aludir a la distribución de roles y responsabilidades entre hombres y mujeres en la totalidad de sus vidas. Esta división incluye —pero no se limita a — la responsabilidad (construida) de las mujeres por el trabajo de cuidados y las tareas domésticas (o el trabajo reproductivo no remunerado) y el rol de los hombres como ‘proveedores’ de la familia (mediante su trabajo ‘productivo’ o remunerado).

La división sexual del trabajo es uno de los principales elementos que hacen a la desigualdad de género: las repercusiones materiales y simbólicas de estos roles diferenciados (productivo/reproductivo, remunerado/no remunerado) y su jerarquía confinan a las mujeres a una situación subordinada y económicamente dependiente de los hombres.

El trabajo remunerado de las mujeres: segregación horizontal y vertical

La división sexual del trabajo se despliega en el mercado laboral remunerado, donde las mujeres muchas veces quedan encasilladas en ‘empleos femeninos’, que en su mayoría se relacionan con la reproducción social, como la enfermería, la docencia o el trabajo doméstico. Esto es lo que se conoce como segregación horizontal. Muchos de estos empleos se caracterizan por sus bajos salarios y estatus, preservando así la jerarquía entre hombres y mujeres que Hartman (1981) describe como el desplazamiento del patriarcado de la familia a la industria (Figura 2).

El trabajo remunerado de las mujeres: la segmentación horizontal y vertical  Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre la base de tabulaciones especfficas de las encuestas de hogares de los respectivos países

Figura 2 El trabajo remunerado de las mujeres: la segmentación horizontal y vertical Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre la base de tabulaciones especfficas de las encuestas de hogares de los respectivos países.

La división sexual del trabajo es un fenómeno fácilmente identificable en América Latina y en Centroamérica
(Figura 3) Como en el resto del planeta, en América Latina y en Centroamérica la división del trabajo por género se expresa mediante la concentración del trabajo reproductivo de las mujeres en el hogar y en roles y posiciones remuneradas típicas en cuanto al género, que de manera sistemática genera diferencias salariales en detrimento de las mujeres. En consonancia con esto, a nivel internacional, el concepto alude a la diferenciación global de la división del trabajo entre hombres y mujeres en espacios ‘productivos’ (públicos) y ‘reproductivos’ (domésticos/privados).

Figura 3 Composición fuerza de trabajo en Centroamérica y República Dominicana  Fuente: Foro ‘Respondiendo a la crisis con equidad de género

Figura 3: Composición fuerza de trabajo en Centroamérica y República Dominicana Fuente: Foro ‘Respondiendo a la crisis con equidad de género

Como evidencia de que persisten las marcas de género en la división social y técnica del trabajo, es importante señalar

  • La segregación de las mujeres al trabajo doméstico no remunerado;
  • Menores tasas de empleo para las mujeres;
  • La existencia de ocupaciones masculinas y femeninas;
  • La distribución diferencial del trabajo entre hombres y mujeres dentro de ramas y sectores laborales, tipos y tamaños de oficinas, procesos, departamentos, puestos y requisitos laborales.

Autonomía económica: el ingreso al mercado laboral

Entre 1990 y 2008, la participación económica de las mujeres en zonas urbanas de América Latina subió del 42 al 52 por ciento. Si bien son cada vez más las mujeres que ingresan al mercado de trabajo remunerado, esto no se corresponde con un incremento en la realización de deberes domésticos por parte de los hombres. Esto significa que las mujeres continúan haciendo el trabajo reproductivo además de su trabajo remunerado o ‘productivo’ (Figura 4).

Figura 4: Autonomía económica: ingreso al mercado laboral  1990 y 2008 en las zonas urbanas la tasa de participación económica de las mujeres ha pasado del 42% al 52%

Figura 4: Autonomía económica: ingreso al mercado laboral 1990 y 2008 en las zonas urbanas la tasa de participación económica de las mujeres ha pasado del 42% al 52%

En América Latina, más de la tercera parte de las mujeres mayores de 15 años carece de ingresos propios, sobre todo debido al tiempo que deben dedicar a sus responsabilidades domésticas y al trabajo de cuidados.

Aquí podemos ver algunas cifras impactantes que ilustran aspectos de la división del trabajo entre los géneros: Las mujeres dedican seis veces más horas que los hombres al trabajo doméstico y el cuidado de niñas/os. En promedio, las mujeres cobran un 20 por ciento menos que los hombres por realizar el mismo trabajo y teniendo la misma calificación que ellos. Un 59 por ciento de las mujeres que se consideran ‘económicamente inactivas’ cuando se aplican las mediciones tradicionales en realidad sí trabajan, y mucho, en tareas reproductivas no remuneradas. Por eso podemos ver que si bien las mujeres constituyen la mayoría de la población (51 por ciento) realizan los trabajos más precarios y peor pagos (EHPM, 2006)

Avanzar la justicia y los derechos de las trabajadoras
La Red Centroamericana de Mujeres en Solidaridad con las Trabajadoras de las Maquilas y las organizaciones de mujeres que la conforman (sus afiliadas institucionales) demandan y apoyan los derechos humanos de las trabajadoras. Crearon una alianza estratégica para exigir que los desafíos a los que se enfrentan las más de 500 millones de trabajadoras de las Zonas de Libre Comercio se incluyan en la agenda de los debates públicos regionales y nacionales.

Esta alianza se basa en el entendimiento de que si bien las trabajadoras centroamericanas constituyen una porción cada vez mayor de la fuerza de trabajo, carecen de derechos laborales, trabajan en malas condiciones y son marginadas. A las mujeres no se las reconoce como sujetas de derechos que aportan al crecimiento económico del país con su trabajo productivo y reproductivo.

Si bien el trabajo y el apoyo del movimiento obrero ha sido útil para la incidencia y los avances en cuanto a los derechos de las trabajadoras, también es importante destacar el aporte de las mujeres al movimiento obrero: las trabajadoras tienen una historia de lucha constante e inquebrantable en defensa de sus derechos y de los derechos laborales en general.

También es importante reconocer los aportes de las trabajadoras al análisis económico feminista y en general a las luchas feministas y de derechos de las mujeres. La Red Centroamericana de Mujeres en Solidaridad con las Trabajadoras de las Maquilas y sus afiliadas institucionales, que son organizaciones de mujeres, trabajan por los derechos laborales de las mujeres. Reconociendo la interdependencia de las luchas por derechos y por reconocimientos, la Red Centroamericana de Mujeres en Solidaridad con las Trabajadoras de las Maquilas llama a todo el movimiento laboralista, los sindicatos y el movimiento feminista a mostrar su solidaridad y su apoyo, que considera fundamentales para crear una sociedad basada en la igualdad, la justicia y la sostenibilidad. Ver Figura 5.

Las luchas de las trabajadoras y, en particular, las luchas de las mujeres que trabajan en las industrias de la indumentaria y textil contribuyeron a movilizar a la sociedad entera dejando al descubierto no sólo prácticas de explotación laboral y violaciones a los derechos humanos sino también las brechas de género y asimetrías existentes en el mercado laboral y en la economía como un todo.

Figura 5: Imagen cortesía de: Red Centroamericana de Mujeres en solidaridad con las Trabajadoras de las Maquilas – REDCAM.

Figura 5: Imagen cortesía de: Red Centroamericana de Mujeres en solidaridad con las Trabajadoras de las Maquilas – REDCAM.

Conclusión

Debemos continuar coordinando esfuerzos entre el movimiento laboralista, los sindicatos y las feministas como forma de luchar de manera integrada contra la globalización, la flexibilización e inseguridad laborales. Con el reconocimiento de nuestras luchas comunes como base, el movimiento feminista debe defender los derechos del movimiento obrero. Por su parte, el movimiento obrero y los sindicatos deben defender al movimiento feminista y manifestarle su solidaridad para avanzar los derechos y el empoderamiento de las mujeres. Así entre todas/os construiremos una sociedad basada en los principios de la justicia, la equidad y la igualdad.

RESUMEN al pensar la economia en terminos mucho mas amplios e integrales que la teoria economica ortodoxa, la economia feminista dejo al desnudo la naturaleza patriarcal e insostenible del sistema economico actual. Sandra Ramos afirma que para poder avanzar la igualdad de genero, los derechos humanos de las mujeres y la justicia economica, es necesario ampliar la nocion de trabajo. sostiene que se deben valorar tanto el trabajo remunerado como el no remunerado, para que se contabilicen todos los aportes que hacen las mujeres a la economia, eliminando la division artificial entre lo que se considera trabajo productivo y reproductivo.

PALABRAS CLAVE economia feminista; igualdad de genero; solidaridad; trabajo remunerado y no remunerado

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